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CEMENTERIO DE ANIMALES

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Situado a los pies de la comarca barcelonesa del Baix Llobregat, un pequeño y rústico pueblo de montaña de apenas una decena de miles de habitantes, junto a las nuevas ocupaciones que nos trae el avance de la sociedad siguen, en parte, aferrados a sus costumbres por las labores de la tierra y a su amor por los animales. Nos situamos en Torrelles de Llobregat. Esta localidad catalana, a una veintena de kilómetros de Barcelona, posee una superficie aproximada de 13'55 km² y comprende una importante parte de los contrafuertes orientales del macizo del Garraf-Ordal.

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Marisol Roldán entrevista al Sr. Josep

Hasta principios de los sesenta eran un compendio de casas de pagés esparcidas por aquí y por allá en medio de los cultivos de olivo y cereza. Luego llegaron las inmigraciones interiores a todo el país y aunque muchos se asentaron en estas tierras vergeles, pronto descubrieron que la tradición en ellas era algo más que el uso de un catalán arcaico, ya que con ellos cohabitaban ideas célticas de un más allá de espíritus de difuntos y porqué no...de almas del bosque. Porque eso era aquel lugar, una hermosa y verde montaña circundada por un bosque milenario, donde hasta hacía no mucho habían andado lobos ibéricos y hoy casi cuarenta años después se pueden encontrar aún conejos salvajes y jabalíes.

Debió ser ese espíritu arraigado a la costumbre rural el que motivo a Josep Gimeno y a otros habitantes de la zona a fundar en 1972 un pequeño cementerio para dar sepultura a seres queridos. Sólo que éstos no eran aceptados por los camposantos normales, debido a que se trataba de integrantes de la fauna hogareña. Comenzó sepultando a los animales domésticos y mascotas de la familia, pero poco después empezó a aceptar los de los vecinos y así fue el recinto creciendo, estructurándose y fomentándose como lo que hoy en la actualidad es, un cementerio de pequeñas mascotas. Aunque en ocasiones estas no sean tan pequeñas, ya que hay desde perros a monos, sin faltar aves y otras especies de lo más curioso.

¿Qué sucede en Cal Vallderús?

En realidad no tiene nada que envidiar a un cementerio para mortales humanos. Desde enterramientos en tierra a nichos, allí puede encontrarse de todo. Y día tras día eso hacen los turistas que se acercan en autobuses al abrupto lugar con el único propósito de observarlo. Sin embargo, lo que los turistas no sabrán que en ese bucólico paraje rodeado de montañas se vienen sucediendo una serie de extraños casos, coincidencias y hechos que para muchos se instalan en el mundo de los fenómenos paranormales, aunque hay que dejar constancia que para gran parte de los habitantes de Torrelles creen que allí no pasa nada. Pero, ¿cómo explicar unas extrañas neblinas que surgen de entre las lápidas dispuestas en el frío suelo del camposanto?, y ¿unos sonidos procedentes del interior del cementerio...de animales que teóricamente ya no viven?, ¿invisibles patas que rozan el cuerpo de los visitantes?. Así nació un temor, una leyenda a los débiles espectros de las mascotas, que después de irse al viaje eterno regresaban a saludar a los que habían sido sus amos. Pero, ¿era eso cierto?, ¿se podía corroborar las leyendas de la zona?, ¿podríamos captar algo de lo que allí parece ocurrir?. Varias interrogantes que surgieron al comienzo de la investigación del caso, de las cuales sólo a algunas pudimos hallar lógicas y coherentes respuestas.

Josep Gimeno nos comentaba durante el transcurso de una de las entrevistas que tuvimos con él en Cal Vallderús -así es como se llama la propiedad donde está instalado el cementerio "Los Seres Queridos"- algo que le aconteció hace unos años a su vecino. Al fin de cuentas su vecino era también su consuegro. Gimeno nos lo narró recordando los hechos como si estuviesen ocurriendo en esos instantes, acompañando cada comentario de lo ocurrido con gesticulantes explicaciones. Josep nos comentó que su consuegro se trataba de una persona mucho más influenciable que él y que en varias ocasiones al pasar junto a los portones del cementerio noto frío y creyó ver cosas. Pero...el susto se lo llevó un buen día cuando su ropaje en la noche quedó enganchado a nivel de la cintura como si un perro tirara de él. No pudo girarse del miedo que le entró en el cuerpo y salió corriendo. Dejó allí el abrigo. Al día siguiente, acompañado regresó donde había tenido el terrorífico, para él, encuentro con "algo" y allí, en el camino lo halló. Se encontraba rasgado y con orificios diminutos como si una rama o algo mordiendo hubiera estado tirando de él. En ningún momento afirmamos que aquello que sucedió en el camino del Raval de Torrelletes tenga que ver con espíritus de animales, simplemente os trasladamos un hecho que ocurrió...de eso no hay duda. Sin embargo, que aquel acontecimiento tuviese un origen u otro es difícil de poder comprobar tras el paso del tiempo.

Pero Gimeno piensa que lo que dicen que ocurre allí son sólo alucinaciones de la gente que no se acostumbran a convivir con los muertos, aunque estos sean animales domésticos. La socarrona sonrisa de este hombre de piel curtida por el paso del tiempo y del trabajo nos hace pensar que pase lo que pase en esa zona de Torrellas podrá ser paranormal o no, pero a él no le afecta en absoluto. O ha aprendido a vivir con ello o simplemente dice la verdad y allí no hay tal caso anómalo, sólo místicas historias.

Sin embargo muchas de aquellas enlosadas de mármol no contienen animales cualquiera. Cierto es que sus dueños los amaron. La muestra es que no sólo los enterraron, sino que siguen pagando su manutención a modo de alquiler de nicho muchos años después. Y les llevan flores y les visitan aunque para ello hayan tenido que traerlos de diversas partes de España, porque lugares así no hay muchos en la Península Ibérica. Justamente cuando nos comentaba estos detalles Gimeno nos dio la sorpresa a recordarnos el nombre de Dan, el "perro salvador". Un perro que a principios de los setenta salvó a varias decenas de personas de morir ahogadas en las grandes riadas que asolaron el Baix Llobregat, cuando cayó el puente de Molins de Rei. Casualmente el mismo año en que se fundó este "cementeri de petis animals".

El perro murió -según crónicas de la época- al salvar a una niña. Dicha pequeña pudo tener una vida normal y no pereció bajo las aguas del río Llobregat gracias a este valiente animal y ella ahora le trae flores a su lápida. Ha apostado ante la tumba del perro a hijos, familiares y le ha mostrado fotos donde se plasmaban eventos importantes de su vida, como su boda. Ella es una de las muchas personas que ha podido ver esa extraña neblina surgir de la tumba de Dan. Pero no tuvo miedo simplemente porque era un vaho que se desvanecía en la nada, un hálito de color azulado-verdoso que se elevaba a modo de sinuante columna.

El cementerio esta colocado en la cara vertical de una montaña sedimentaria, cortado por un camino y justo en frente surge una mini-ladera que en formas y constitución recuerdan vagamente, sólo que en diminutas medidas la montaña de Montserrat. Un enclave donde todavía hoy se recogen vestigios de haber sido foso marino, en forma de fósiles de pequeños. Pero que desde hace unos siglos además es lugar de avistamientos de pequeñas y extrañas luminosidades de procedencia desconocida. No hay que olvidar que Torrelles de Llobregat se encuentra en un radio de acción donde en 1993 se produjo una de las mayores oleadas de avistamientos de objetos voladores no identificados ocurridos en Cataluña.

No es el único cementerio de la zona, otro compite en antigüedad desde una localidad muy cercana, Corbera. Aunque no hemos podido constatar que allí se observasen luces como las vistas en Cal Vallderús y mucho menos vapores azul-verdosos. ¿Quiere decir esto que las almas de unos animales vagan más en unos lugares que en otros según sus enterramientos o que no son ellos sino esa montañita en concreto la que tiene un enigma que intenta mostrarnos de alguna manera a través de diversa fenomenología?.

Algunos turistas han notado lametones en los pies, pero allí no había gato ni bestia viva alguna que lo hiciera o hubiese un atisbo de que lo hiciese. "Era como la áspera lengua de un gato. Me recorrió un escalofrío", así nos comentaba una de las visitantes asidua al lugar, que sigue sin saber qué tocó su tobillo.

Ahora el responsable del fosal, Gimeno tiene unos canes atados en la parcela contigua. No es extraño oir sus ladridos desde cientos de metros atrás. Sin embargo hace dos años no estaban y aún así los vecinos aseguran haberlos oídos y no tenían dudas que procedían de allí. No son gente inexperta, la mayoría tiene tratos con animales y se orientan bien en la zona.

Misterios, leyendas...un pequeño cementerio casi oculto, de acceso complicado pero que tiene un amplio listado de fenómenos inexplicados enterrados con sus mascotas. A pesar de lo que muchos investigadores quieren hacernos creer, la temática insólita como hemos podido constatar en esta pequeña localidad catalana es inagotable y no nos deja de sorprender.

 

 

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