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EL DESPENADOR

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En cierto pueblo santiagueño el médico se cruzó con los familiares de un viejito, achacado él, visitante asiduo al hospital, y ausente sin aviso hacía tiempo. ¿Y don Anselmo, que hace mucho no me visita? Ah, doctor, ya llamamos al despenador, ya lo enterramos. Ignoro cómo siguió el asunto; si el doc se quedó con la boca abierta o asintió comprensivamente. Esta historia me fue transmitida por otro médico santiagueño, baqueano de hospitales precarios y parajes sin hospitales.

Esta ancestral, subterránea cultura de la eutanasia –porque de eso se trata, para que nos ubiquemos rápido– se practicó desde épocas precolombinas en muchos lugares de nuestro continente, y –a las pruebas me remito– aún se practica. Me asombró la cantidad de material que encontré gugleando y ojalá alguna vez pueda conversar con sus protagonistas. No con el despenador, seguramente: su identidad, como su rol, es discretamente protegida, porque en esos lugares saben que es a contramano de nuestra cultura judeocristiana y sus leyes.

¿Y cómo es el proceso? Como en cualquier familia: un integrante está en la senectud, imposibilitado de vivir con lo que diríamos, calidad de vida. O cualquiera sea su edad, está aquejado de un mal que lo inhabilita y provoca dolores insoportables. Agotados los recursos médicos, en manos de un facultativo reconocido oficialmente, o del chamán, o de la médica natural, los familiares y el enfermo –si puede opinar– deciden terminar con el drama. Sin dilemas éticos; con la naturalidad con que en muchas culturas se desgrana el ritmo de la vida y la muerte.

Entonces llaman al despenador. Éste es una persona –hombre o mujer– respetada en su comunidad, que acude al lecho del enfermo, y todos se retiran. Al rato, sale el despenador y anuncia: ya pueden preparar al muertito. ¿Qué ocurre ahí adentro? Lo que se sabe, y en esto hay acuerdo casi total en las fuentes, reza, tanto a santos cristianos como a dioses originarios de su cultura, en un verdadero sincretismo. Luego pone su rodilla sobre el pecho del enfermo y con las manos recorre suavemente el cuello, hasta que en un movimiento rápido en la zona de la nuca, "le quita las penas". Rápido e indoloro, e imagino, semejante a una toma de artes marciales de las cuales tanto nos fatigan las películas; sólo que aquí no hay odio, sino compasión.

Usted puede sentir horror, y quizás adjetivar en términos reservados para costumbres "incivilizadas". Recomiendo mantener la mente abierta: el debate de la eutanasia está en la agenda social de nuestro país y de otros muchos, desde hace tiempo y con fuerza creciente. Y en todos los casos, luchando, nosotros hijos e hijas de una cultura que deifica la eterna juventud y la vida a cualquier precio, con la pesada mochila de la culpa. Mal que nuestros ancestros no padecen.

Una visión que contempla con amplitud los puntos de vista, puede encontrarlos en la película que filmó Al Pacino, "Doctor Muerte". Es la vida del doctor Jack Kevorkian, célebre por haber inventado una máquina que llamó Thanatron –máquina de la muerte– con la cual más de cien pacientes terminales comprobados autoadministraron su fin con químicos letales. Kevorkian vivió en Michigan (EE. UU.), afrontó varios juicios, estuvo preso y murió hace unos días. Sin eutanasia.

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Comentarios EL DESPENADOR

EL DESPENADOR SOLIA CLAVAR UNA LARGA UÑA, CRECIDA A PROPOSITO EN LA NUCA DEL ENFERMO PENETRANDO EN EL CEREBELO , ESTO , MAS LA ACCION DE SENTARSE SOBRE EL PECHO DEL MISMO PRODUCIA LA ROTURA DEL ESTERNON , DICEN EN EL CAMPO QUE ES UNA MUERTE INDOLORA. LA FIGURA DEL DESPENADOR SIEMPRE FUE PERSEGUIDA PERO LOS HABITANTES DE LA CAMPIÑA SIEMPRE SE PREOCUPARON POR PROTEGERLO  O MANTENER OCULTA SU IDENTIDAD. MORGANA
quiero agradecer por el texto publicado es de gran apoyo, para el trabajo que realizo, tema complejo de tratar sin embargo se debe hacer en procura de mitigar incongruencias para un mundo ilusorio, la muerte como compañera de la vida hace parte de un todo.
FERNANDO FERNANDO 06/04/2012 a las 19:26
Buenos dias:
He llegado a tu artículo tras leer el último libro de Vargas LLosa (El héroe discreto) en -este libro se hace mención a las despenadoras en Piura, una ciudad al norte de Peru. Ya veo que Vargas llosa como siempre no da puntada sin hilo.
Tu artículo me ha parecido muy interesante, y muy medido, y dicho con delicadeza.
En tu Bloc hay una referencia al año 2011. Por curiosidad quisiera saber si aún sigues haciéndolo, por lo que te ruego me digas si has recibido este correo.
Hasta pronto.
Juan Juan 16/02/2014 a las 08:30
juan he recibido con mucho gusto tu correo.gracias por tus apreciaciones--monica

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