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Catamarca, Argentina

Quebrada de Belen

Belén, Catamarca | 0 comentarios.

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FerMantese
16/03/2008


PARTE II : Desde San F. del Valle de Catamarca hasta Cafayate.

Una vez en San Fernando del Valle de Catamarca me veo en la disyuntiva de que rumbo seguir. Me interesa recorrer la Ruta Prov. 1 visitando La Puerta, siguiendo por la Cuesta de Singuil, hasta desembocar en la Ruta Prov. 48 en la zona de “Las Estancias” al pie del cordón del Aconquija, con su magnifico nevado homónimo que es simplemente magnifico. De ahí seguiría a Andalgalá y a través de la cuesta de Belén alcanzaría la ciudad que le da nombre. Lo cierto es que ya me siento un poco solo, y no me vendría mal algo de compañía en el viaje y de seguir para este rumbo solo encontraría lugares atestados de gente proveniente de la ciudad (S. F. del V. de Catamarca) en situación de veraneo y ningún mochilero que me acompañe en la larga ruta. Así es que mejor decido irme directo a Belén desde acá. Saco pasajes en El Antofagasteño para las 18.35 hs. Como me queda algo de tiempo hasta la salida del micro aprovecho para recorrer rápidamente el centro de la ciudad. Peatonal Rivadavia hasta la Plaza 25 de Mayo; fotos con la Basílica de fondo, alguna con vista al cordón del Ancasti, y vuelta a la terminal.
De la ciudad puedo decir que el centro es de rasgos bien coloniales, algo parecida a Salta, pero menos cuidada y mantenida.

El entorno natural es bellísimo pero a la ciudad le falta algo más de dedicación para lograr destacarse entre las capitales del noroeste. De todos modos merece una visita algo más extendida que quedará para otra oportunidad. 

El micro de El Antofagasteño es muy cómodo. Con aire y películas. La salida de la ciudad hacia el sudoeste es realmente muy hermosa: la Ruta Nacional 38 discurre entre los cordones del Ancasti y de Ambato en cuyos valles hay innumerables plantaciones de aceitunas. Es indudable que la economía de esta zona catamarqueña se apoya considerablemente en la producción olivícola.

Raudamente veo pasar las localidades de Huillapima, Capayán y Chumbicha hasta tomar el desvío por la Ruta Nacional 60 a través de la maravillosa Quebrada de La Cébila. Esta ruta fue recientemente re-inaugurada trazándose un nuevo recorrido en algunas partes. Esta en perfecto estado y el paisaje, como dije antes, es hermoso. Serpentea entre los coloridos cerros que forman las estribaciones australes del cordón del Ambato hasta desembocar en el desierto de Pipanaco, allí en la frontera entre las provincias de Catamarca y La Rioja.

Ya en territorio riojano atravesamos el desértico pueblo de Villa Mazán y hacemos una parada de 15 minutos en la capital de la aceituna: Aimogasta. Ya de noche continuamos viaje: ahora, por primera vez desde que empecé el viaje, con rumbo norte. Al llegar nuevamente a la frontera riojano-catamarqueña, pero esta vez sobre la mítica ruta Nacional 40, nos detiene Gendarmería Nacional. Con rostro adusto y modales militares una gendarme me pide el DNI y me revisa la mochila que llevaba conmigo en el asiento de al lado. Parece estar todo en orden y se baja del ómnibus. Ahora junto a otros oficiales que aguardan abajo comienzan a requisar las bodegas del micro. Al cabo de unos minutos sube nuevamente y pregunta de quién es la mochila azul con la terminación “634”. Sí, es la mía. Bajo y me exigen que la abra. Accedo y la revisan minuciosamente: solo ropa. Luego revisan los múltiples bolsillos accesorios sin hallar nada ilegal, obviamente, y me dejan subir nuevamente.

Quiero aclarar que aunque este procedimiento suene algo autoritario no es más que un control de rutina, altamente necesario para el control de circulación interna y hecho en forma muy correcta. Ojala todas las fuerzas trabajaran como Gendarmería.   

Ya de madrugada llego finalmente a Belén, previo paso por la pintoresca Londres. La Ruta Nacional 40 hasta Belén ya la conozco de un viaje anterior realizado en 2006 así que la idea es solo pasar la noche acá y seguir a Hualfin, pueblo del cual tengo las mejores referencias.

El pernocte en Belén se complica porque el único camping de la ciudad, además de estar alejado de la terminal no da garantías de estar abierto a esta hora de la madrugada. Me pasan el dato de que en el Hotel Belén permiten acampar en sus amplios jardines. Al llegar me desengaño de la falsedad del dato, mas previa insistencia al conserje me deja tirar la bolsa de dormir dentro de una gigantesca carpa montada en las afueras del establecimiento, pero “sin armar mi carpa porque queda feo”. La segunda condición que me impone es que abandone el lugar antes de las 8 de la mañana, que es la hora que llega el dueño: OK. No Problem.

Mi “súper celular” suena a las 7.50 hs, enrollo la bolsa y me largo del hotel hacia la terminal. Tengo micro a Hualfin a las 13 hs., por lo que me queda la mañana libre para caminar un poco por Belén. Dejo la mochila en la oficina de turismo y a caminar se ha dicho.

Belén es una ciudad que realmente me gusta mucho: bien serrana y tranquila, uno respira aire puro hasta cansarse. Camino por la avenida San Martín (RN 40) hacia el norte de la ciudad, camino hasta que la ciudad finaliza por completo y da comienzo oficial a la Quebrada de Belén: que belleza! Saco fotos y me siento a contemplar el caudaloso río Belén en su conjunción con las verdes sierras. Dan ganas de quedarse a vivir…
Se va acercando el mediodía, así que vuelvo a la terminal de ómnibus. El ómnibus de la empresa Rueda ya se encuentra estacionado en la plataforma 1. Soy uno de los primeros pasajeros en subir. El calor ahora es mucho y este micro no cuenta con aire acondicionado ni nada parecido: solo queda abrir la ventanilla. Una vez que sale y empieza a correr aire la cosa se pone más agradable y uno se dedica a admirar la esplendida Quebrada de Belén. 

La Ruta Nacional 40 esta en plena obra desde Belén hasta El Eje. Ya se encuentra terminado el asfalto, aunque sin demarcar aun. De aquí a Hualfin no obstante sigue el viejo ripio y según dicen todavía no esta licitada la obra.

Pasamos los pequeños pueblos de La Puerta de San José, La Cienaga, San Fernando (donde se esta construyendo un gran puente carretero sobre el río homónimo) y por último El Eje. En casi todos los casos la ruta ya no pasa por el medio del pueblo sino que la nueva traza lo bordea, por lo cual en todos los casos se construyó un acceso asfaltado con luminarias tipo boulevard. En El Eje es impresionante ver como literalmente abrieron una sierra al medio para que pase la ruta, justo en el punto donde la Ruta 40 empalma la Ruta Provincial 43 hacia Puerta de Corral Quemado y mucho más allá la mítica Antofagasta de la Sierra.     

Finalmente llego a Hualfin con la certeza de que podría acampar en el camping del ACA, ya que lo he visto en innumerables guías turísticas e incluso me lo han recomendado para tal fin. Lo cierto es que al llegar y comentarle mis intenciones campamentísticas a la chica que atiende los surtidores esta me mira algo asombrada y me comenta que “después de lo que pasó” ya hace algún tiempo que no se permite acampar. Es en vano intentar saber que fue lo que pasó, y por más que insisto la negativa es terminante. Me voy con bronca porque ya van dos lugares consecutivos donde me veo impedido de acampar por motivos poco claros o más tendientes a la discriminación hacia el acampante. En Belén “quedaba feo” armar una carpa chiquita en unos jardines de una manzana superficie y en plena noche, y acá el propio ACA que se caracteriza por tener muy buenos campings (aunque a veces algo caros) directamente prohíbe la instalación de carpa alguna so pretexto de no sé qué misteriosa historia. En fin habrá que buscar otro lugar.

Unos 500 metros en dirección al centro del pueblo, sobre la misma ruta 40, se encuentra el hospedaje Alta Huasi. Acá encuentro alojamiento por 15 pesos la noche en habitación privada con baño compartido. El lugar es una agradable casa de mi familia con varias habitaciones convertida en hospedaje. Pienso que al final no fue tan malo el no poder acampar ya que al menos voy a dormir en una cama por poca plata. El lugar lo atienden una señora y su hijo de unos 30 años que no podrían ser más amables. Junto conmigo se encuentran hospedados un hombre de Merlo, Buenos Aires y una pareja de San Juan Capital, todos en situación de turistas como yo. Esa tarde me toca otra fuerte tormenta que me impide salir a recorrer el pueblo, por lo que recién al día siguiente puedo hacerlo. Hualfin se encuentra asentado básicamente a lo largo de la ruta. Para donde uno mire ve hermosísimos cerros de colores principalmente rojizos y verdes que discurren también a largo del pueblo. El lugar, tal como me habían dicho, era bellísimo. Uno no se cansa de observar esos cordones montañosos tan magistralmente tallados por la naturaleza. A sus pies se encuentran pequeños viñedos que le hacen “la competencia” a los de Cafayate. Entonces el pueblo es una mixtura de cerros de colores, casitas pintorescas (aunque no coloniales) y verdes viñedos: no esta nada mal. Mención a parte merece la pequeña iglesia de Hualfin, ésta sí con marcado estilo colonial, de un color rosado y perfectamente conservada es realmente una reliquia de la zona. A su lado poseía un cementerio “para españoles” que actualmente se conserva sólo como algo histórico. En el centro del pueblo hay un mirador desde donde se obtiene una vista magnifica de los cerros y todo el entorno paisajístico de Hualfin.

Debido a la fuerte lluvia de ayer todavía se oye bramar al río Nacimientos corriendo sobre las estribaciones del pueblo, y ahora que miro bien se avecina otra tormenta en el horizonte, así que mejor enfilo pa’ el hospedaje antes que se largue.

Al llegar al hospedaje veo que ha llegado un nuevo huésped: un porteño con un Duna rojo que viene viajando desde Fiambalá y se dirige a Tafí del Valle. Me quedo charlando con él un rato largo y me ofrece llevarme hasta Santa María mañana por la mañana. Yo encantado.

Alrededor de las 9.30 de la mañana ya nos encontramos avanzando con rumbo noreste por la fantástica Ruta 40. El Duna se tiene que aguantar el ripio de la 40 hasta un poco más allá de Los Nacimientos donde sorpresivamente reanuda un perfecto asfalto con la demarcación completa como debe ser. También es justo decir que, al menos hasta el momento en que escribo este diario, la señalización vertical desde Belén hasta la entrada a San José brilla totalmente por su ausencia, al punto que uno se entera del lugar en que está por letreros en las casas del tipo de: “Almacén Los Nacimientos” o “Posta Sanitaria de El Eje”. Lo mismo sucede con los mojones y los carteles indicadores de distancias. Digamos que de no contar con un buen mapa la cosa se complica. Ya ahora el vehiculo se desliza sin problemas por la carpeta asfáltica y uno es hipnotizado por el salvaje paisaje de la puna catamarqueña. En un momento paramos en medio de la nada más absoluta, y acá la nada no es la fértil llanura pampeana llena de animales, un pueblo pequeño, o la selva misionera con su fauna espectacular como a veces escucho cuando alguien refiere a hacer un alto en la ruta en un lugar no previsto; acá la nada es la nada literalmente. Solo las lejanas cumbres del Aconquija vigilan el paso de aquellos aventurados que se le “animan” a la 40 en este tramo.

Entre uno y los cordones montañosos hay kilómetros y kilómetros de altiplanicie desértica hasta la médula pero de una belleza inigualable. Nunca se debe creer que toda zona desértica es fea: gran error; hay desiertos que son magníficos, como este.
Dejamos atrás este paisaje de ensueño y llegamos a San José. Aquí la 40 nos abandona con rumbo a Famatanco y Las Mojarras y nos deja en manos de una ruta provincial urbana que atraviesa, además del nombrado San José, Loro Huasi y Chañar Punco hasta desembocar en Santa María.

Aquí me despido de mi compañero ocasional en la terminal de micros y me pongo a la búsqueda de algún micro para seguir viaje a Cafayate.

Tengo mala suerte porque el ómnibus de la mañana de la empresa Aconquija a Cafayate se fue hace media hora y ahora, al parecer, no tengo otro hasta las 19 hs.

Me pongo a conversar con unas mujeres que parecían esperar algún micro y me comentan que en realidad esperan una combi de la empresa El Indio con destino a Salta que estaba por pasar de un momento a otro. Me digo: “bueno, a lo mejor tienen lugar y puedo viajar ahí hasta Cafayate”. Dicho y hecho ya estoy en camino a la ciudad de las bodegas y la famosa serenata.

Atravesamos la ciudad de Santa María: pintoresca sin descollar. Poco más allá nos espera el límite provincial y Amaicha del Valle. Pasamos sin detenernos por Amaicha pero es suficiente para notar que ha cambiado bastante de la última vez que había estado ahí en 2005. Ahora se la ve mucho más comercial y preparada para recibir al turismo. Supongo que esto para algunos será positivo y para otros no. Yo prefiero reservarme la opinión. Seguimos transitando la Ruta Provincial 307 de Tucumán hasta volver nuevamente a la mágica Ruta 40. Raudamente pasamos por el acceso a las Ruinas de los Quilmes y posteriormente nos detenemos en Colalao del Valle para que descienda una chica. Supongo que ahora quienes busquen “lo autóctono” tendrán que seguir viaje hasta aquí. Digamos que se parece bastante a Amaicha antes de la “invasión” turística.
Once kilómetros más adelante me despido de mi fugaz paso por Tucumán y me recibe Salta. Siempre me es muy grato visitar esta provincia ya que aquí encontré sin dudas las personas más buenas y solidarias de todos mis largos viajes por el país. Que lindo sería que toda la gente fuera así…      

Al pasar la bodega Lavaqué le pido al chofer si es tan amable de pararme en la puerta del camping Loro Huasi, y éste, por supuesto, accede sin inconvenientes. Aquí comienza la historia salteña.                                                            
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