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entre jenizaros y cipayos

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Los jenízaros y su representación en Los baños de Argel de Cervantes

España y el Imperio Otomano, dos potencias importantes durante los siglos XVI y XVII en el viejo mundo, representaron el rival principal respectivamente y fueron los protagonistas de una disputa sangrienta por el dominio del Mediterráneo y el Norte de África. Esta rivalidad y los enfrentamientos causados por ella tuvieron su repercusión a lo largo de la historia en otros ámbitos como la moda, la literatura y la música. Debido a que nuestro ámbito de estudio constituye una rama de la literatura, nos limitaremos a decir que, “la larga y sangrienta lucha entre dos potencias del siglo XVI, España y Turquía, engendró un nuevo género en la literatura española, llamado “literatura de cautivos”, cuya acción suele desarrollarse mayoritariamente en Argel, Túnez y Estambul.” 
Dr. Mehmet Necati Kutlu
Universidad de Ankara

Miguel de Cervantes Saavedra es una de las figuras más representativas de este género. La creación del célebre autor se puede considerar reflejo de sus propias vivencias pues permaneció unos cinco años en Argel en calidad de cautivo en manos de los turcos hasta que fue rescatado en 1580 por el monje trinitario Juan Gil. Este período de cautiverio tuvo sus efectos sobre la visión y carácter del futuro escritor y naturalmente las experiencias de estos años tuvieron sus repercusiones en sus obras. Ertuğrul Önalp, comenta lo siguiente acerca de la realidad de lo representado en las obras de Cervantes sobre los turcos y el Imperio Otomano en general: “…podemos decir que en los puntos esenciales de la vida cotidiana otomana, Cervantes no hace uso de su imaginación sino que procura ser fiel a la realidad basándose en la documentación existente respecto al Imperio Otomano”.Sin embargo, el mismo investigador añade también que el famoso autor no se detiene cuando tiene que recurrir a la fantasía en detalles de menor importancia. Por otra parte el famoso cervantista Jean Canavaggio hace énfasis en las vivencias personales de Cervantes y alumbra la importancia de éstas en la creación de una de las obras de Cervantes:

“Como fruto de una experiencia insustituible, la del cautiverio, Los baños de Argel suele interpretarse como un testimonio de primer orden sobre la realidad argelina en tiempos de Cervantes.”

En este trabajo nuestro objetivo se limita a realizar un análisis dentro del contexto de dicha obra, evaluando los datos sobre los jenízaros y llegar también a una conclusión acerca de la concordancia con la realidad de lo representado sobre éstos soldados especiales en esta obra del gran escritor español. La afirmación del mismo autor en el contexto de su comedia constituyó un punto de partida importante para iniciar este trabajo. Tomado al pie de la letra la tercera jornada de la comedia, esto es lo que declara Cervantes al final de su relato:

“No de la imaginación este trato se sacó que la verdad lo fraguó bien lejos de la ficción. Dura en Argel este cuento de amor y dulce memoria, y es bien que verdad y historia alegre al entendimiento”

Antes de avanzar en el estudio sobre algunos aspectos y visiones sobre los jenízaros en Los Baños de Argel y su concordancia con la realidad, conviene dar un poco de información acerca del cuerpo de jenízaros y del famoso “sistema de reclutas” que constituía la base de su formación. El cuerpo de jenízaros a lo largo de su historia ha sido el más admirado entre los componentes del ejército otomano, tanto para investigadores occidentales y orientales como para los propios turcos. La razón de tan gran interés hacia éste cuerpo yace en su manera singular de formación y la fuerza insuperable e inalterable que durante siglos representó dentro de la milicia y por lo tanto del estado turco. “Es imposible expresar la fecha exacta en la que por primera vez unidades del cuerpo de jenízaros formaron parte del ejército turco otomano. Pero la gran contribución de los jenízaros como soldados de infantería en la última batalla de Murat I (durante la cual falleció) que tuvo lugar en Kosovo, es un hecho histórico.”

Este cuerpo de soldados selectos que a la vez ejercía como la guardia imperial del palacio turco se componía mayoritariamente de individuos reclutados durante su niñez, de familias cristianas dentro de las vastas tierras del Imperio Otomano. Estos individuos se educaban como musulmanes creyentes y se instruían como guerreros de primer orden y eran los que rompían lanzas a brazo partido en primera fila durante las conquistas otomanas entre los siglos XIV y XIX. “Organizados como un cuerpo de infantería en una época en la que en toda Europa prevalecía el reclutamiento feudal, los jenízaros fueron el primer ejército de oficio de los tiempos modernos, ejército cuya disciplina y eficacia sembraban el terror en el campo del adversario.”

Su desaparición en el siglo XIX. se debe a la pérdida de su infalible disciplina y al hecho de haberse convertido en una amenaza contra toda la administración otomana, incluyendo el mismo sultán; en resumen a la degeneración de su carácter. “El nepotismo, la corrupción, y la indisciplina fueron gradualmente destruyendo su efectividad; y desde los tiempos de Selim III. (1789-1807), los sultanes trataron de desmantelar el cuerpo. Las reformas de Selim, conocidas como ‘Nizam-ı Cedid’ (Nueva Orden), incluyeron la introducción en 1792 de un nuevo voluntariado militar copiado de los ejércitos occidentales de la época. Se establecieron escuelas militares y navales, con la colaboración de oficiales franceses que proporcionaban entrena miento técnico y militar.

Amenazados por estas reformas, los jenízaros protagonizaron una revuelta en 1807 y obligaron a abolir al nuevo ejercito de voluntarios.” Fue Mahmud II quien tuvo éxito en lo que había fracasado Selim III para acabar con la existencia de los jenízaros, tras sucederle en el trono otomano. La abolición del cuerpo de jenízaros tuvo lugar en el año 1826. Los cuarteles de los jenízaros en la capital imperial fueron rodeados con tropas leales al Sultán y el temible cuerpo fue aniquilado de manera muy sangrienta. Este suceso se celebró en la capital Imperial, denominándose, “el acontecimiento benévolo”

El sistema de reclutas para los jenízaros tenía dos fuentes principales:

Una, se basaba en los prisioneros de guerra; una quinta parte de dichos prisioneros se reservaba como “parte del sultán”, estos hombres, tras ser instruidos moral y militarmente se convertían en jenízaros. La segunda fuente importante de los jenízaros era el conocido sistema de los reclutas. Este sistema adoptado a partir del siglo XV, además de fortalecer el ejército, tenía como propósito secundario aumentar la población musulmana de las provincias europeas que casi exclusivamente se componían de pueblos cristianos.

Para entender un poco mejor el sistema y la vida de los miembros de este cuerpo vale la pena detenernos en los principios de su formación de manera un poco más detallada. El historiador Reşat Ekrem Koçu, enumera los artículos de la ley de reclutas que era la base de este sistema de la siguiente manera:

1) Los chicos para reclutar debían tener entre 8 y 18 años de edad.

2) En caso de que el individuo pudiera satisfacer los demás requisitos, el límite de edad podría extenderse hasta los 20.

3) Era indispensable que los chicos que tuvieran estas edades, gozaran de plena salud y tuvieran rasgos faciales y corporales agradables.

4) No teniendo limitaciones de tiempo, el reclutamiento se efectuaba según las necesidades del cuerpo de “acemioğlan” que suministraba hombres al cuerpo de “jenízaros” y tras la solicitud del máximo comandante del cuerpo militar, denominado el ‘Ağa’ de los Jenízaros.

5) El reclutamiento se podía efectuar en todo el país o solamente en una zona limitada.

6) En temporada de reclutamiento, en los pueblos o barrios se reclutaba un joven por cada cuarenta casas.

7) El muchacho para ser reclutado según las normativas, debía de ser uno de cada dos hermanos varones.

8) Aquellos que fuesen el único hijo (varón) de su familia no podrían ser reclutados aunque cumplieran con todos los demás requisitos.

9) No podía ser reclutado, a pesar de cumplir con toda la normativa, aquel muchacho que estuviera casado a pesar de tener menos de dieciocho años de edad.

10) Los muchachos reclutados pasaban por otra selección final y los más destacados se reservaban como “içoğlanı” para el servicio del Sultán y el resto se enviaba para formar parte de los “acemioğlan”.

Teniendo en cuenta que el sistema de reclutamiento se llevaba a cabo a partir de los ocho años y a veces se reclutaban jóvenes de hasta dieciocho o veinte años de edad, algunos interesados pueden pensar que no sería erróneo considerar que dichos jóvenes ya tendrían ideas bastante claras sobre su antigua religión e identidad cultural. Por lo cual podemos llegar a la conclusión de que no sería muy atrevido considerar que la motivación real de la lealtad y obediencia de dichos reclutas se debía más a los privilegios materiales, oportunidades de ascensión social y económica dentro de la estructura imperial, que una simple simpatía a su nueva religión e identidad. A pesar de no ser muy ilógico éste sistema de reflexión y haber ejemplares de este tipo entre sus miembros, aunque no muy abundantes, -como veremos más adelante- este pensamiento no se ajusta a la realidad argelina de la época. Ahora, bajo el alumbramiento de esta información básica y algunos detalles de gran importancia acerca del sistema de los jenízaros de Argel, observemos su representación en la obra del célebre autor y continuemos reflexionando sobre su cercanía a la realidad de la época. A pesar de haber tenido contacto de tipo bélico con la armada otomana en Lepanto (1571) y no con la infantería, Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) relata algunos detalles acerca de este cuerpo -en ocasiones comparada con la “guardia pretoriana” de los romanos- en su obra titulada Los baños de Argel. El gran escritor en su obra relata lo siguiente acerca del trato brindado al esclavo cristiano (Sacristán) por su amo-jenízaro:

“Mamí, Un jenízaro dispuesto que es soldado y dabají (Odabaşı), turco de nación y honesto. Dabají (Odabaşı) es cabo de escuadra o alférez, y bien le cuadra el oficio, que es valiente; y es perro tan excelente, que ni muerde ni ladra.”

Los versos de Cervantes nos presentan a un jenízaro que trata bien, ni grita ni pega, ni amenaza ni tortura a sus esclavos. Es más, Sacristán en otra ocasión hasta llega a definir a su amo como “noble”

Es de suponer que Cervantes en este relato se basa en realidades y experiencias propias porque a primera vista parece que los jenízaros tenían más de un motivo para no maltratar a sus esclavos cristianos. Las dos razones principales para que los jenízaros trataran de manera correcta y admisible a sus esclavos podrían ser las siguientes:

1) El sentimiento de solidaridad que posiblemente pudieran experimentar hacia ellos por seguir conservando dentro de sí, memoria de su estirpe y religión.

2) La esperanza de poder obtener un buen rescate a cambio de ellos. La primera posibilidad queda totalmente descartada al fijarnos en los detalles del sistema de los jenízaros de Argel: el historiador Yılmaz Öztuna, en su libro titulado Hojas de la historia turca nos revela los detalles y las peculiaridades de este cuerpo constituido en Argel, usando el nombre de una institución de la administración central otomana:

“El primer cuerpo de infantería (en Argel) fue formado por Hayreddin Bajá (Barbaroja) en la última etapa de su vida. Este cuerpo estaba compuesto de 6000 hombres, estos fueron denominados ‘jenízaros’. Se denominaron de esta manera a pesar que no eran reclutas como la mayoría de de los jenízaros de Estambul sino turcos que procedían de Anatolia. Solamente se había tomado como ejemplo la organización del cuerpo de jenízaros de Estambul a la hora de organizarse el cuerpo.

El comandante (Ağa) de los jenízaros de Argel tomaba órdenes directamente del virrey de Argel y no dependía del comandante de los jenízaros de Estambul. El ‘Ağa’ de los jenízaros de Argel tenía representantes en Estambul, Esmirna y Antalya. Estos seleccionaban los voluntarios que deseaban reclutarse al cuerpo y cubriendo sus gastos de viaje, los enviaban a Argel según las necesidades.”

Fray Diego de Haedo, en su obra fundamental sobre el Argel de la época respalda toda la información dada por Öztuna (y Cervantes) en este contexto: “Mas Cheridin Barbarroja, muerto que fue su hermano Aruch (Oruç) Barbarroja el mayor, queriendo conservar el estado y dominio de Argel, que el dicho hermano había ganado, y para esto escribiendo, y avisando al Turco cuán abierta tenía la puerta para sujetar toda la África y destruir las provincias de la cristiandad conservándose Argel en poder de los turcos, sus vasallos, fácilmente alcanzó del que no solamente todo turco quisiese pasase libremente de Turquía a Barbaria y Argel; pero que todos los tales, aunque no fuesen genízaros hijos de cristianos, como es uso de Turquía, pudiesen, no obstante eso, estando en Argel, y en sus tierras, ser y llamarse genízaros y gozar de todas las franquezas y libertades que gozan en Turquía los genízaros, las cuales son grandes y muchas en demasía.”

Considerando el testimonio de Haedo y la información dada por Öztuna queda descartada la posibilidad de haber cualquier tipo de simpatía basada en estirpe o religión entre los cautivos y sus amos jenízaros en Argel. Debido a aquello, podemos atrevernos a afirmar la Segunda hipótesis y atenernos más a la explicación basada en la posibilidad de adquisición de beneficios personales a través de los rescates y/o simplemente a la nobleza de carácter de los individuos.

Otro termino que utiliza Cervantes, -a pesar de ser algo deformado- al definir el jenízaro Mamí nos llamó la atención e hizo pensar que podría constituir una pista para nuestra investigación: la palabra “Dabaji”. Esta palabra es una versión un tanto deformada de la palabra “Odabaşı”. En la obra del historiador Koçu, este rango se detalla de la siguiente forma: “Odabaşı era el comandante adjunto del “orta” (batallón), al mismo tiempo ejercía como cajero, la caja se encontraba en poder del “odabaşı”. Al quedar vacante el puesto de “Odabaşı”, el “Vekilharç”(el menor de los puestos oficiales dentro del ‘Orta’) pasaba a ocupar este puesto.”

Diego de Haedo, también afirma nuestro análisis y comentario acerca del cuerpo y rango del jenízaro que figura en la obra de Cervantes. Haedo anota sus observaciones sobre los jenízaros de Argel y sus rangos de la siguiente forma:

“Segundo grado es Udebaxi, y elprimero de cargo, honra y oficio entre genízaros, y es tanto como Cabo de escuadra…y toda la escuadra tiene un Udebaxi que es cabeza della y Caporal…”

Recordando que el sistema de jenízaros formado por Barbarroja en Argel era idéntico al original de Estambul -con excepción del origen de sus miembros denominándose de manera idéntica al de la ‘Sublime Puerta’ y recordando las palabras de Cervantes, que expone la nacionalidad y carácter de Mamí como “turco de nación y honesto” , no queda duda alguna ni sobre el cuerpo al que pertenecía el carácter “ficticio” de esta obra ni su rango. Al mismo tiempo también se observa claramente que el autor actuó con una exactitud sorprendente, basándose en sus propias vivencias, a la hora de la creación de dicha figura.

Otro aspecto del jenízaro Mamí que sobresale en la narración de Cervantes es el lugar privilegiado que tenían los miembros de éste cuerpo en la sociedad de la época. A pesar de que en la obra, el lugar privilegiado se atribuye al esclavo del jenízaro y no al jenízaro directamente, se sobreentiende que toda clase de privilegio del que pudiera gozar cualquier esclavo habría de ser por el estatuto social de su amo. Veamos como se relata ésta cuestión en Los baños de Argel:

“que no hay turco, rey ni roque que le mire ni le toque de jenízaro al cautivo, aunque a furor excesivo su insolencia le provoque.”

Las libertades y privilegios de los cuales gozaban los jenízaros que Haedo describe como, “franquezas y libertades que gozan en Turquía los genízaros, las cuales son grandes y muchas en demasía”, efectivamente eran muchos y bastante excesivos en su época. Efectivamente los jenízaros tenían un lugar muy privilegiado en la milicia otomana y no sólo en la milicia sino en la sociedad en general. Tenían una serie de privilegios e inmunidades que les otorgaba un puesto casi inalterable. Sorprendentemente su fuerza llegaba a afectar los puestos de los visires, gran visires y ocasionalmente habían llegado al extremo de destronar e incluso asesinar sultanes. Un suceso de este género quizás se pueda considerar el acontecimiento más trágico de la historia del imperio. Ocurrió a principios del siglo XVII y el asesinato del Sultan Osman II (El Jóven) por los jenízaros tras una jornada de humillaciones y torturas, se registró como una tragedia inolvidable en la historia otomana. Haedo en esta cuestión también afirma totalmente lo expuesto por Cervantes y relata con detalles las fatales consecuencias que sufrirían aquellos que se atrevieran a oponer a algún jenízaro de la siguiente forma:

“…y si alguno que no sea genízaro diere a un genízaro una puñada, o solamente un rempujón, y aunque no sea más que apartarlo de sí, con ponerlo la mano en el pecho o en un brazo, la pena es cortarle la mano, y si le mata, quemarlo vivo, o empalarle, o engancharle, o romperle los huesos con una maza, como habemos visto hacer a muchos…; y de aqui viene ser los genízaros de todos muy temidos y respetados, y ellos tanto más soberbios, arrogantes y atrevidos, y sobre todos lo son los cocineros de las camaradas, a los cuales no hay estorvarles que no tomen y roben de las boticas y tiendas el pan, carne, huevos, gallinas, manteca, miel, fruta, berzas y todo en general cuanto ellos quieren, sin que les fuercen a pagarlo o dejarlo de las manos, ni tampoco alguno se les ha de poner delante en las calles y campos por do pasen; o delante de las boticas do alguna cosa se vende o a donde ellos se acuestan, porque luego echan mano a unas hachuelas que traen siempre fuera de casa en las manos largas como dos palmas o poco más, por donde son conocidos, y rompen con ellos la cabeza o los dientes o algún brazo a quién les enoja o descontenta.”

Como conclusión es posible decir que en lo relacionado a los jenízaros y su lugar en la sociedad otomana Cervantes fue fiel a las realidades históricas. Resulta sorprendente observar que el autor no solo percibió el sistema con sus rasgos más característicos sino que conoció y dio a conocer algunos detalles muy peculiares como lo fueron los principios de formación del cuerpo de jenízaros de Argel.

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Comentarios entre jenizaros y cipayos

Hola!
Excelente trabajo: claro, conciso y sustancial. Sinceramente te felicito. Lástima que no incluyas más datos sobre ti y las fuentes de donde obtuviste tu trabajo porque te estoy citando en un trabajo que estoy haciendo. Será para la próxima ;-) . Suerte!  
Omar Robles Omar Robles 11/09/2010 a las 22:13

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