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no creemos en meigas pero haberlas hailas(refran gallego)

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Esta frase tan gallega y tan extendida por toda España, siempre era el comienzo de los relatos que se contaban en mi niñez, cualquier noche de verano y en especial la noche de San Juan delante de una hoguera, donde por tradición nos reuníamos la familia y los amigos, pues por tierras de Galicia, de donde provienen mis padres, hasta los días de verano más calurosos, por la noche siempre refresca.

Comenzaban las abuelas a contar historias de gente antigua, gente que tal vez nunca existió, pero que la imaginación y el decir popular, habían moldeado a su gusto.

Cada nuevo año al volverlas a contar, se iban añadiendo nuevos ingredientes al relato que hacían que cada vez sonaran distintas.

Comenzare con la historia de la Bruixa de Santiago.

En el pueblo de mis padres, abuelos, etc., que no el mío, pues yo nací en Barcelona y me siento muy catalana, vivió hace muchos años una mujer solitaria, encorvada, de mirada fría y mal humor, los vecinos de Santiago que es el pueblo de mis antepasados, recelaban de su persona, incluso corrían rumores( jamás confirmados), que en las noches de luna llena, cuando alguien caía enfermo, o desaparecía algún animal, por los alrededores siempre rondaba la Meiga.

Con estos rumores y miedos transcurrieron los años, hasta que la mujer fue tan anciana que la gente de la aldea al no tener familia, le daban la comida y se preocupaban de su salud, aunque ella jamás se lo agradecía y prefería pasar frio y hambre a que nadie se acercase a su humilde casa.

Una noche de las que el invierno del norte castiga con todo su rigor, una mujer del pueblo, apenada al pensar que la anciana estaría helada se acerco a su puerta con un caldero de sopa y un haz de leña para hacerle pasar la noche mejor, apenas había traspasado la cancela, se escucho en toda la aldea un aullido estremecedor como de un lobo en las montañas, la mujer entro en la casa tiritando mas de miedo que de frio y antes de llegar a su habitación sintió un quejido se encontró a la anciana con medio cuerpo dentro de la cama y el otro medio fuera, ante tal despropósito le pregunto a la Meiga que le había pasado, y la Bruixa le contesto, ” Vino a por mí, ” pero yo soy más lista y no puse los pies en el suelo.

Su vecina espantada le ayudo a acostarse, le entrego la leña y la comida, y salió de la casa lo más aprisa que el miedo le permitió.

Así transcurrieron algunas semanas en las que las vecinas hacían turnos para llevarle la comida, pues a todas les daba miedo entrar más de un día seguido.

una mañana en la que la niebla era inusualmente espesa, al entrar a ver como seguía la Meiga, la mujer que acudió ese día, se quedo impactada al comprobar que la anciana tenía los pies descalzos y llenos de sangre puestos en el suelo y la cara desencajada. Había fallecido de un modo inexplicable.

En la aldea de Santiago, se dice que fue el Diablo que la arrastro hasta el mismo infierno y que por eso ella no quería pisar la tierra.

Esta es una de las muchas historias que nos contaban al calor de la lumbre, como dicen por  allí, ” Haberlas, hailas”.

 

Otro relato imprescindible en toda reunión familiar que se precie en Galicia es el de la ” Santa compaña “.

Son las almas en pena, almas de difuntos que tienen cuentas pendientes en esta vida, y se pasean al anochecer por las cercanías de los pueblos y aldeas de Galicia.

Su vestimenta consiste en una túnica blanca con capucha, y en la mano una vela encendida.

Esta procesión fantasmal, que suele ser de dos hileras largas y envueltas en neblina, dejan a su paso un característico olor a cera y una brisa que mueve toda la maleza que haya a su alrededor.

Siempre por delante de la procesión de las animas hay un guía no muerto, un hombre o una mujer que transportan una cruz y un caldero lleno de agua bendita.

Existe la creencia que esta persona que precede a la procesión, no recuerda nada de lo ocurrido esa noche, al día siguiente, solo los vecinos y la familia notan que ocurre algo porque adelgaza en extremo y comienza a perder la salud sin motivo aparente.

Cada noche que acompaña a las almas en su peregrinaje, la luz de su vela es más intensa y su palidez más marcada.

Las animas no le permiten descansar ni una noche hasta que muera o hasta que otro incauto cae en sus redes, esta es la única forma de librarse de esta maldición, así el guía pasara la cruz y el caldero a la persona que sin querer se tropieza con la macabra procesión y toma su lugar en la Santa compaña.

Para liberarse de esta maldición las personas que sin esperarlo caen en las garras de las almas en pena, han de hacer un circulo en el suelo y meterse dentro o tumbarse boca abajo en la tierra.

El amuleto más potente contra la Santa compaña, es llevar una cruz encima, y nunca mirar la procesión de frente, y salir corriendo en dirección contraria lo más rápido posible.

Como podéis comprobar, las reuniones familiares en Galicia, no tienen desperdicio.

En realidad es una tradición que en algunos momentos puede quitarte el sueño, aunque despierta en todos los que formamos parte de estas reuniones, el gusanillo de la duda y de la imaginación.

Por eso os repito.

Yo no creo en las Meigas.

 Pero ” Haberlas, hailas “.

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