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Una nueva contraseña escrita sobre una tessera

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Hace unos días escribí una entrada sobre la organización del ejército romano que era demasiado sencillo, simple y además tenía algún que otro error, por la mala selección de fuentes (enciclopedias generalistas). Por los errores les pido mil disculpas y como acto de enmienda aquí está otra entrada sobre el mismo tema, más completa y con la información tomada de libros especializados.

La legión normal se componía de entre 4.200 hombres y 5.000, a pie, infantería. Estos hombres eran ciudadanos romanos y su unión al ejército era voluntaria, pero les comprometía por unos 20 años. También había tropas auxiliares formadas con hombres que no eran considerados ciudadanos romanos.

Cada legión se dividía a su vez en unas diez cohortes, de las cuales, la primera cohorte era diferente, tenía más hombres y tenía mayor importancia que el resto. Los centuriones de esta primera cohorte tenían especial relevancia y rango dentro de la legión. Las otras nueva cohortes tenían 6 centurias cada una, teniendo en total cada cohorte unos 480 hombres. Cada centuria tenía su propio estandarte identificativo.

La legión se dividía, en función de lo visto en el párrafo anterior, en unas 60 centurias, que se agrupaban de dos en dos para formar manípulos. Por cada manípulo había dos centuriones, de los cuales uno tenía el mando del manípulo, además del su propia centuria. El centurión de más alto rango de toda la legión era el Primus Pilus.

Cada centurión elegía un segundo en la cadena de mando, que se denominaba optio, un portaestandarte (signifer), un corneta (cornicen) y un tesserarius, cuya labor, entre otras cosas, era custodiar la contraseña que recibía cada noche escrita en una tablilla llamada tessera, de ahí su nombre.

Una legión contaba con un grupo de jinetes (équites legionis) que venían de las familias más ricas y eran los mejor pagados. Esto se debía, en parte, porque tenían que mantener sus cabalgaduras. Según parece los romanos no eran muy buenos jinetes, por lo que estas tropas tenían un buen número de efectivos provenientes de otros territorios con más tradición en la doma y montura de caballos.

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EL MANÍPULO
Como hemos visto, en el área del Lacio ya se combatia con escudo grande, distinto al aspis hoplítico, desde antes de la irrupción de los etruscos y su imposición de la lucha en falange.
Una vez expulsado el últiomo rey etrusco, antes o después, partiría con él la mayor parte de la primera clase, que en definitiva era la que luchaba al modo hoplita. Según el ejército Serviano, las demás clases luchaban con el armamento italiano, siendo su táctica ni mucho menos la de falange. Aún así, ultimos resquicios de la influencia hoplítica pervivieron en los triarii. Tanto hastati como príncipes adoptaron la jabalina pesada y la espada como armas, sin embargo, los triarii continuaban con la lanza como arma principal; si bien todos utilizaban ya el scutum.
Así que, no necesariamente la adopción del pilum lleva consigo la adopción del manípulo como táctica, sustituyendo a la falange. Puesto que probablemente los latinos, y también los itálicos, luchaban desde el siglo VIII a.C. con este sistema.
En el ejército serviano, si seguimos a rajatabla la descripción de Livio y Dionisio, tan sólo la mitad de la infantería luchaba como hoplitas (80 centurias de 170). 60 de las centurias, luchaban con armamento itálico, con escudo grande, lanza y espada, además de las otras protecciones. Así que, durante el periodo de vigencia de la táctica hoplítica, también convivió un estilo de lucha plenamente itálico, ¿quizás se trataba del manípulo?
MORGANA

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