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Y la polis es cosa de hombres

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Por lo tanto, por más que la iglesia católica haya tratado por siglos de que la historia fuera como ellos querían, no sucedió así. Y de manera lenta, pero segura, la conciencia -buscando su identidad- llegó a desprenderse de la mezquindad del clero y abrió sus puertas a la historia real, la que hacen los hombres.

La Historia, con vacilaciones y retrocesos, discurre irreversiblemente en una dirección que no surge de coincidencias de voluntades individuales, sino que sigue una lógica interna. En este sentido, los individuos relevantes de la Historia son aquellos para quienes sus fines particulares están en consonancia con la tendencia objetiva de su situación histórica. Esta teleología del espíritu es independiente e indiferente de los deseos de los individuos. El movimiento de la historia hacia su meta se lleva a cabo como “progreso”. Y este progreso debe entenderse sólo y unívocamente como progreso en la conciencia de la libertad, la conciencia de que el ser humano es libre en cuanto ser humano.

Así las cosas, vemos por qué, durante siglos, se divulgó una versión de la vida en la polis totalmente extraña a la real, en tanto y en cuanto formó a generaciones enteras en la creencia de que estábamos ante una civilización férreamente esclavista, y horrendamente pagana.

Pero, como siempre, “el Santo Oficio” falló y la verdad salio a la luz. En esto también podemos recurrir al buen ejemplo de Eco en “El Nombre de la Rosa”; aquí también quisieron destruir algo más que la comedia, quisieron destruir la verdad.

Pero algo de bueno hay en algunos hombres, y es su tendencia innata a saber más. Fue así que, después de años de oscurantismo, el saber académico tuvo que hablar de la sexualidad en la polis, y es más, tuvo que hablar de la bisexualidad… y se agitaron las sotanas. Pero, así fue. .. el pecado no era un concepto griego.

Como hemos visto en artículos anteriores, los dioses no tenían prejuicios a la hora de obtener el objeto de sus amores. Sabemos además que los mitos son la objetivación de un supuesto de la conciencia colectiva, del imaginario social. Por lo tanto podemos inferir que la sexualidad divina refleja ciertos usos y costumbres de los politai.

Comenzaremos por decir que hablar de homosexualidad en el mundo clásico es un tanto impreciso. Tanto griegos como romanos vivían su sexualidad de una manera muy diferente; la homosexualidad no tenía que ser una elección exclusiva, ni una desviación, ni una anormalidad, sino que se alternaba y complementaba, a veces, simultáneamente con la heterosexualidad. Por lo tanto, y con toda justeza, debemos hablar de bisexualidad. Y en Atenas, más precisamente, la homosexualidad y la pederastia ocupaban un lugar sumamente importante en la formación moral y política, en sentido estricto de los jóvenes que aprendían de su amante las virtudes del futuro polites ateniense. Es decir, aprendían la arete del polites, de su amante adulto.

Pero quede claro, y vale la aclaración dada la estrechez de miras del mundo occidental y cristiano, que en la polis “NO” se encontraban adultos persiguiendo púberes por las calles.Por el contrario, existía un código bastante estricto a cumplir durante el cortejo y del cual los amantes no podían evadirse. También hemos dicho que la oposición no era entre hetero y homo, sino entre actividad y pasividad. La reprobación social recaía en el adulto pasivo.

Los orígenes de la pederastia en Grecia deben buscarse en el pasado tribal de la sociedad anterior a Homero. Aquí, la sociedad estaba basada en la organización de clases por edad. Y por ello el paso de una edad a otra estaba acompañado de los llamados ritos de paso, y uno de estos ritos era el llamado “período de segregación”; esto es, los jóvenes se retiraban de la tribu y vivían lejos del grupo por un tiempo -periodo que era un símbolo de Muerte- al cabo del cual “renacían” a una nueva vida, ya como miembro de la edad superior. En distintas zonas de la Grecia anterior a las polis, los muchachos aprendían las virtudes que deberían hacer de ellos adultos durante este periodo de segregación, viviendo en compañía de un adulto varón, educador y amante. Los hombres adultos, los amantes, denominados “ERASTAI” y los adolescentes, los amados llamados “EROMENOI”.

Plutarco, nos cuenta que en Esparta los niños de 12 años eran confiados a amantes escogidos entre los mejores hombres de edad adulta y que de estos “aprendían a ser espartanos”.

A modo de síntesis, cito textual a E. Cantarella: “La homosexualidad griega era en su origen de tipo iniciático. Y la relación sexual con un adulto era un presupuesto social indispensable para el nacimiento de un individuo que a partir de aquel momento, asumiría el papel viril en toda su plenitud, es decir: había abandonado el papel pasivo y había asumido el papel de marido con las mujeres y el de amante con los muchachos.”

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